SECRETOS
Me cuentas tus secretos y me vuelvo secreto que sale de tu boca.
Tus labios ya no pronuncian más ninguna palabra.
Primero el silencio, luego mi sorpresiva mirada llena de asombro.
Las sombras nos entran por los ojos y el miedo por las almas.
Alrededor de nosotros ruedan las cosas, los sonidos, el tiempo.
Nos congelamos dentro de este vórtice dimensional, sin más que
nosotros mismos, nuestros cuerpos y nuestros ojos que se los come el viento.
Tus brazos se aferran a los míos, se hacen uno solo.
Mi mirada llena de espanto frente a tus ojos llorosos.
© abellcross
LAS DOS CHICAS
Estaba la chica de blanco con su picorete bien colorado, hablando
sola, como pensando, mirándose los puntillos rojos sobre las uñas y
distraídamente cantando y que se acerca él canalla que la estaba mirando ya
tenía rato y que por qué tan sola le dice y que ella no responde mientras él le
seguía hablando tratando de sacarle alguna palabra y ella silbando para no
hacer caso y que llaga la chica de rojo y se van agarradas de las manos
hablando alegremente y riendo hasta el cansancio y que dejan al canalla con la
palabra en la boca, molesto que se va a donde está su amigo él bribón para
seguirle a la chica de blanco y compañía y agarrar una cada uno y divertirse y
después dejarlas en el fracaso, si era posible dice uno, con un hijo esperando.
Y se creen guapos mientras se miran en el espejo de un auto, y se retocan su
cabello polvoriento y emprenden la partida a buscar como dice uno “un poco de
carne fresca y fina”
En un aparador la chica de rojo se prueba un vestido blanco, pero no
le queda y enojada sale con uno rosado y va a buscar unas medias y a poco rato
unos zapatos y si es posible un cinto para que el conjunto le quede ajustado. Y
salen entre risas mientras la chica de blanco reflejada en el espejo admira la
lencería, que no se decide aun todavía a comprar vestidos o zapatillas. Y se
van perdiendo el tiempo por aquella avenida que el sol ya las abriga con sus
rayos tenues de medio día.
Perdidas ya entre las horas, la tarde cae pacientemente y poco a poco
las sombras cubren capa a capa los balcones con sus gentes alegres. En una
barandilla una pareja de enamorados, con ilusiones decaídas se abrazan y besan
a cada rato, como que él le declama una poesía y de buen orador pinta sus
gestos, pues mira al suelo y mira al cielo en un hablar y cerrar de ojos y casi
llora su chica con tan tiernos movimientos. Y que la convence y le perdona sus
faltas pasajeras, dice ella, y entre brazos se dan un picorete y él le entrega
una rosa roja presagiando un mejor presente.
Y la chica de blanco mirando de frente a la chica de rojo se ríe
alegremente, y caminan juntas de la mano viendo en cada esquina parejas de
enamorados, que aún no es primavera ni catorce de febrero, pero parece que
cupido en estas fechas se ha adelantado y cómplice de él son los pequeñuelos
pájaros que se pasan la tarde cantando de árbol en árbol.
Gentes serenas sobre las calles, hablando de lo sucedido durante el
día y contando historias acontecidas pasan aquella tarde con sus más gratas
compañías.
Ya las sombras de la noche caen sobre la alameda. La chica de blanco y
la chica de rojo de la ciudad ya se alejan, en sus bolsas llevan un poco de
lencería, un cinturón rosado y unas zapatillas y en sus ojos guardan recuerdos
de lo que vieron, vivieron y sintieron en aquella cuidad, aquel bonito día.
El canalla y el bribón han seguido a las dos chicas ya desde hace un
buen rato y planean en horas más oportunas acercarse y decirles, dicen ellos
“palabras bonitas” para que caiga una, si no las dos, como comida en sus sucios
platos.
La alameda se encuentra a oscuras, el farol apenas alumbra.
Las sombras se extienden por la avenida, ya se apartan, ya se juntan,
ya se alejan y desaparecen en las esquinas, pasan sobre muelles y se mojan en
el agua, y ya las asechan dos intrusas que en el suelo toman formas grotescas y
disfrazan sus malas mañas, por unas buenas. El farol queda sobre ellas, es el
canalla y el bribón que se mojan la lengua viéndole a la chica de blanco y a la
chica de rojo los contornos de sus piernas.
Ellos esperan el momento oportuno. Asechan a su presa como lo hacen
las fieras.
Ellas no se dan cuenta de ello. Solo buscan divertirse y pasar buenos
momentos.
© abellcross
VOCES



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