viernes, 11 de abril de 2014

Luna Azul

SECRETOS



Me cuentas tus secretos y me vuelvo secreto que sale de tu boca.

Tus labios ya no pronuncian más ninguna palabra.

Primero el silencio, luego mi sorpresiva mirada llena de asombro.

Las sombras nos entran por los ojos y el miedo por las almas.

Alrededor de nosotros ruedan las cosas, los sonidos, el tiempo.

Nos congelamos dentro de este vórtice dimensional, sin más que nosotros mismos, nuestros cuerpos y nuestros ojos que se los come el viento.

Tus brazos se aferran a los míos, se hacen uno solo.

Mi mirada llena de espanto frente a tus ojos llorosos.


© abellcross

LAS DOS CHICAS



Estaba la chica de blanco con su picorete bien colorado, hablando sola, como pensando, mirándose los puntillos rojos sobre las uñas y distraídamente cantando y que se acerca él canalla que la estaba mirando ya tenía rato y que por qué tan sola le dice y que ella no responde mientras él le seguía hablando tratando de sacarle alguna palabra y ella silbando para no hacer caso y que llaga la chica de rojo y se van agarradas de las manos hablando alegremente y riendo hasta el cansancio y que dejan al canalla con la palabra en la boca, molesto que se va a donde está su amigo él bribón para seguirle a la chica de blanco y compañía y agarrar una cada uno y divertirse y después dejarlas en el fracaso, si era posible dice uno, con un hijo esperando. Y se creen guapos mientras se miran en el espejo de un auto, y se retocan su cabello polvoriento y emprenden la partida a buscar como dice uno “un poco de carne fresca y fina”

En un aparador la chica de rojo se prueba un vestido blanco, pero no le queda y enojada sale con uno rosado y va a buscar unas medias y a poco rato unos zapatos y si es posible un cinto para que el conjunto le quede ajustado. Y salen entre risas mientras la chica de blanco reflejada en el espejo admira la lencería, que no se decide aun todavía a comprar vestidos o zapatillas. Y se van perdiendo el tiempo por aquella avenida que el sol ya las abriga con sus rayos tenues de medio día.

Perdidas ya entre las horas, la tarde cae pacientemente y poco a poco las sombras cubren capa a capa los balcones con sus gentes alegres. En una barandilla una pareja de enamorados, con ilusiones decaídas se abrazan y besan a cada rato, como que él le declama una poesía y de buen orador pinta sus gestos, pues mira al suelo y mira al cielo en un hablar y cerrar de ojos y casi llora su chica con tan tiernos movimientos. Y que la convence y le perdona sus faltas pasajeras, dice ella, y entre brazos se dan un picorete y él le entrega una rosa roja presagiando un mejor presente.

Y la chica de blanco mirando de frente a la chica de rojo se ríe alegremente, y caminan juntas de la mano viendo en cada esquina parejas de enamorados, que aún no es primavera ni catorce de febrero, pero parece que cupido en estas fechas se ha adelantado y cómplice de él son los pequeñuelos pájaros que se pasan la tarde cantando de árbol en árbol.

Gentes serenas sobre las calles, hablando de lo sucedido durante el día y contando historias acontecidas pasan aquella tarde con sus más gratas compañías.

Ya las sombras de la noche caen sobre la alameda. La chica de blanco y la chica de rojo de la ciudad ya se alejan, en sus bolsas llevan un poco de lencería, un cinturón rosado y unas zapatillas y en sus ojos guardan recuerdos de lo que vieron, vivieron y sintieron en aquella cuidad, aquel bonito día.

El canalla y el bribón han seguido a las dos chicas ya desde hace un buen rato y planean en horas más oportunas acercarse y decirles, dicen ellos “palabras bonitas” para que caiga una, si no las dos, como comida en sus sucios platos.


La alameda se encuentra a oscuras, el farol apenas alumbra.

Las sombras se extienden por la avenida, ya se apartan, ya se juntan, ya se alejan y desaparecen en las esquinas, pasan sobre muelles y se mojan en el agua, y ya las asechan dos intrusas que en el suelo toman formas grotescas y disfrazan sus malas mañas, por unas buenas. El farol queda sobre ellas, es el canalla y el bribón que se mojan la lengua viéndole a la chica de blanco y a la chica de rojo los contornos de sus piernas.

Ellos esperan el momento oportuno. Asechan a su presa como lo hacen las fieras.

Ellas no se dan cuenta de ello. Solo buscan divertirse y pasar buenos momentos.

© abellcross


VOCES



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