Lucia y Antonio
Lucia le
grito que todo era una tontería.
Antonio le
repitió que no… ¡No, no, no!
– ¡Por
favor, no lo tomes así Lucia!
– ¡Pero como así, es que no, no y no!...
¡estás loco o que te pasa!
– Mira piensa que es algo que se dio,
es algo que ni tú ni yo teníamos pensado.
– ¡Pues claro que no!... Que no te
das cuenta que no estábamos en nuestros cinco sentidos.
¡Entiéndelo
Antonio, fue un momento de locura y ya!
– ¡No Lucia, por favor!... Yo pensaba
que tu sentías lo mismo que yo siento. No he dejado de pensar en ti, en aquella
noche, entiéndeme…
– ¡Olvídame y olvida lo que paso
Antonio!... por favor
– ¡Noooooooo! No me digas eso… ¿No me
quieres?... ¿No te hago sentir bien?... ¡Son puras mentiras lo que me has
dicho!... ¡Contéstame! …¡Mírame Lucia!
– ¡Sí, sí, sí!... Son puras mentiras.
¿Qué no te das cuenta que no puede ser Antonio?
– ¡Vayámonos lejos! Empecemos algo
nuevo tú y yo.
– ¡No!... Dame mi bolso. Me voy.
– No Lucia, espera por favor.
– ¡Me voy con él o sin él!...
– ¡Espera Lucia!
– ¡Te dije que no! ¡No seas necio
Antonio!
– ¡No te vas Lucia!...
– ¡Suéltame, te digo que me sueltes!
– ¡Lucia te amo, entiéndeme!
– ¡Estás loco!
Antonio
siguió tomándose la copa que había pedido en aquel oscuro bar del centro. Jamás
había llorado así por una mujer como lo había hecho por Lucia. En compañía de
José Alfredo Jiménez que tocaba en el fondo del bar, desbordaba su dolor en
cada una de sus lágrimas. La vio retirarse a ella y desaparecer en la oscuridad
de aquella avenida.
Lucia con el
coraje en el estómago dio una vuelta por el centro de la ciudad tratando de
olvidar lo sucedido.
Compro pollo
al horno, harina para preparar atole, algunos dulces, dos playeras con dibujos
para niños, unas canicas y una camisa mediana tipo polo color azul.
Rechinó la
puerta de la entrada y ellos saltaron a sus brazos.
– ¡ya lego Mamá!... mamá, mamá, mama.
– Que paso mis chiquitos… ¿Cómo la
han pasado?
– Bueno mi papa nos acaba de leer un
cuento…. ¿Qué es eso mami? ¿Qué nos trajiste?
– ¡haaaaaaaa! Esto es un regalo para
estos niños bonitos.
Después de
los apapachos ella se dirigió al fondo de la sala, caminando pausadamente
mientras el alboroto de los niños inundaba la habitación y la llenaban de ecos.
En el sillón, recostado se encontraba su esposo viendo las noticias.
–Hola amor
–Hola… ¿Cómo
te fue?
– Bien
– Te estábamos esperando para cenar
– Ya traigo la cena
– Haaaaaaa que bueno, ya me moría de
hambre… ¡A la mesa todos!
– Ten
– ¿y esto?
– Un regalo para ti
– Gracias amor.
Antonio que
había tomado unas copas demás en aquel bar, salió ya cuando la mañana pintaba
clara en el cielo. Tambaleándose en las aceras de aquella avenida, vislumbraba
en sus pupilas el recuerdo de Lucia.
Así se
dirigió hasta su hogar. Recuerdo tras recuerdo y tropiezo tras tropiezo.
Rechino la
puerta de la entrada y nadie acudió a su llamado.
Se acostó en
el sofá y se dejó llevar por el sueño hasta la inconciencia, donde resonaba el
nombre de ella, en las paredes de la oscuridad.
Repitió su
nombre tres veces y cuatro y cinco veces hasta hacerse uno con sus sueños, uno
con sus locas fantasías y con los recuerdos que tenia de Alma, esos recuerdos
que estaban un poquito más cerca de la realidad.
Así lo
encontró la tarde y así la noche,
revolcándose entre las sabanas, tratando de que cada recuerdo permaneciera tan
nítido, tan exacto como su dolor.
Su mujer lo sabía
todo desde hace tiempo, es mas no era la primera vez decía ella a sus vecinas,
que salía con otra u otras y ni siquiera lo disimulaba. A su mujer solo le
interesaba hurgar en sus pantalones y exigirle el gasto semanal puntual y
completito.
– ¡Tus hijos quieren comer, quieren
vestirse, tienen que ir a la escuela!
Le
reprochaba cada semana la misma sentencia.
Y mientras
ella le mostraba el abultado vientre, señalándole y exigiéndole un nuevo
ingreso en la familia, él vomitaba en el baño y sus tres pequeños alborotaban
en el patio.
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abellcross