Y ahí estaba ella, como un enigma legendario, como una sirena salida
de un cuento. Era una imposibilidad material que llenaba de dudas el
pensamiento. Se acercó a mí envuelta en una nube.
Llena de frío me pidió que la abrazara, que la llenara de besos; me
quede perplejo mientras me miraba los ojos y sonreía angelicalmente.
Su abrazo fue suave, candente. Me lleno de olores agradables el
cuerpo… y su beso. Su beso fue una locura.

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